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No ay komo madre

Daniel Santacruz
18 hours ago
6 min read
."Mi madre, komo muchas mujeres ke vinieron de Salonik, no ambezaron en las eskolas, ama teniyan intelijensia i kapachidad de konfrontar las difikultades de las vidas."
."Mi madre, komo muchas mujeres ke vinieron de Salonik, no ambezaron en las eskolas, ama teniyan intelijensia i kapachidad de konfrontar las difikultades de las vidas."


Por Nissim Ashkenazi


ENGLISH AND SPANISH BELOW


Mi madre, d.b.m., se enbivdo al anyo 1950, dos anyos detras ke mi padre fue tirrado en la Gerra de la Independensia.

Era epoka preta en mi famiya, onde mi madre deviya korrer al ospital para ayudar a mi padre, ospitalizado dos anyos i gravamente ferrido, kon medio puerpo paralizado i mas de esto engrandeser una ija i tres ijos.

Mi madre, komo muchas mujeres ke vinieron de Salonik, no ambezaron en las eskolas, ama teniyan intelijensia i kapachidad de konfrontar las difikultades de las vidas.Saviya refranes, pensava en forma lojika i topava selyusyones en kavzos komplikados. Reusho i desho la vida buena, detras ke vido ke estamos todos estudiados, kazados i aresentados, i kon ijos i ijas.

Vos konto un eksempio de los aktividades de mi madre.

El paes estava en los pasos primeros, okupado en la absorbsion de miles de djudios reskapados del Holokosto i aresentarlos ke empesen vida normala.

La problema centrala era la mankeza de batimientos. No aviyan kazas ke den abasto a la demanda de las famiyas ke vinyeron i las famiyas ke inda no estan aresentadas.

Las fraguas de kazas muevas tomo mucho tiempo i kazas para arkilar no dieron abasto.

Yo ya era askieriko jovino i

un diya mi madre me yamo i me disho:

— Deves de avansar para merkar kaza.

Me konto ke el Ministerio de la Absorbasion i de la Abitasion salieron kon una programa de fraguar kazas muevas de tres kamaretas i espandarlas asigun la loteria ke faziyan de en vez en kuando.

Mi madre, kon su senso lojiko, me enkorajo ke me entre a esta programa.

Yo acheti i empesi a dar pagamientos en kada mez. Teniya un tefteriko, onde eskrivieron los pagamientos, ke turan en vezes muchos anyos.

Kada primo del mez mi madre, komo un polis, demandava:

—Metites para el shikun?*

Eskrivieron al tefter, siempre kon el buto de verme aresentado.

Pasaron dos anyos i stuve envitado al enkontro de la loteria, onde salen los ke ganan a eskojer apartamento en las kazas prontas.

Parese ke kon la tefilla de mi madre salio mi nombre. 

Para realizar este sonio kale ke aigan tres partes: uno, los pagamientos; dos, el empresto de la banka; i tres, el resto del kosto de la kaza para tomar la yave.

Me fue a mi madre i mi ermana i les konti. Kon alegriya me disheron:

—No te preokupes, de aki i de aya vamos arekojer el sumo nesesario,

Toda la famiya ayudo —los ermanos, los tiyos i amigos— i la yave la tomi, seguro ke todos los emprestos fueron pagados kon pasensia i sin entereso.

Achakes de este kierer fuerte de mi madre, yo komo jovino inda no kazado, ya teniya la yave de mi kaza en mis manos.

Las madres son komo leonas para protejar i adelantar los ijos i ijas, ison kapaches de pasar todos los trompesos.

En Gan Eden ke arepozen las almas de las madres ke desharon la vida buena.


El otor mora en Kiryat Motzkin, Israel.

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There Is nothing like a mother


By Nissim Ashkenazi


Illustration (Stockcake.com).
Illustration (Stockcake.com).

My mother, of blessed memory, was widowed in 1950, two years after my father was shot in the War of Independence.

It was a dark time for my family. For two years, my mother had to go back and forth to the hospital to help my father, who was hospitalized, seriously wounded and with half his body paralyzed. Besides that, she had to raise one daughter and three sons.

Like many women who came from Salonica, my mother had received no schooling, but she had the intelligence and ability to confront life’s difficulties.

My mother knew proverbs, thought logically, and found solutions to complicated situations. She succeeded in life and passed away peacefully after seeing that we were all educated, married, settled, and had children of our own.

I will tell you about one example of my mother’s initiative.

The country was still in its early stages, busy with absorbing thousands of Jews who had survived the Holocaust and settling them so they could begin normal lives. The main problem was the housing shortage. There were not enough homes to meet the needs of the families who had arrived and those who had not yet been settled. Building new homes took a long time, and there were not enough rental homes.

I was already a young soldier when, one day, my mother called me and said:

—You should do everything possible to buy a house.

She told me that the Ministry of Immigrant Absorption and the Ministry of Housing had introduced a program to build new three-room homes and distribute them by means of a lottery they held.

My mother, with her logical way of thinking, encouraged me to enroll in this program. I agreed and began making monthly payments. I had a little notebook in which the payments were recorded, which went on for many years. On the first of every month, my mother would question me like a police officer:

—Did you make the housing payment?

Two years passed, and I was invited to the lottery drawing, where the winners were selected and allowed to choose an apartment in the new buildings. It seems that, thanks to my mother’s prayers, my name was drawn. To make this dream come true, three things were needed: first, the payments; second, a bank loan; and third, the remaining cost of the home before I could receive the key.

I went to my mother and sister and told them.

Joyfully, they said:

—Don’t worry. We’ll gather the necessary amount from here and there.

The whole family helped—my siblings, my uncles and aunts and friends—and I received the key. Of course, all the loans were patiently repaid without interest.

Thanks to my mother’s fierce determination, I was able to get the key to my own home while I was still a young, unmarried man.

Mothers are like lionesses when it comes to protecting their sons and daughters and helping them get ahead, and they are capable of overcoming every obstacle.

May the souls of the mothers who have passed away rest in the Garden of Eden.


The author lives in Kiryat Motzkin, Israel.


Translated by Daniel Santacruz.

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Edificicio de apartamentos eb Haifa (Wikipedia Commons).
Edificicio de apartamentos eb Haifa (Wikipedia Commons).

No hay nadie como una madre


Por Nissim Ashkenazi


Mi madre, de bendita memoria, quedó viuda en 1950, dos años después de que mi padre fuera herido a bala durante la Guerra de Independencia.

Fue una época difícil para mi familia. Durante dos años, mi madre tuvo que ir y venir constantemente al hospital para atender a mi padre, quien permanecía internado, gravemente herido y con medio cuerpo paralizado. Además, debía sacar criar una hija y tres hijos.

Al igual que las muchas mujeres que emigraron de Salónica, mi madre no había recibido educación escolar; sin embargo, poseía la inteligencia y la capacidad necesarias para afrontar las dificultades de la vida.

Mi madre conocía refranes, pensaba con lógica y hallaba soluciones para situaciones complejas. Logró salir adelante en la vida y falleció en paz, tras ver que todos nosotros habíamos recibido una educación, nos habíamos casado, habíamos sentado cabeza y teníamos nuestros propios hijos.

Les contaré un ejemplo de la iniciativa de mi madre.

E. l país aún se encontraba en sus inicios, dedicado a la tarea de acoger a miles de judíos sobrevivientes del Holocausto y establecerlos para que pudieran comenzar una vida normal. El principal problema era la escasez de vivienda: no había suficientes viviendas para cubrir las necesidades de las familias que habían llegado y de aquellas que aún no habían sido reubicadas. La construcción de nuevas viviendas requería mucho tiempo, y había pocas viviendas para rentar.

Yo ya era un joven soldado cuando, un día, mi madre me llamó y me dijo:

— Debes hacer todo lo posible por comprar una casa.

Me explicó que el Ministerio de Absorción de Inmigrantes y el Ministerio de Vivienda habían puesto en marcha un programa para construir nuevas viviendas de tres habitaciones, las cuales se adjudicaban mediante un sorteo.

Mi madre, con su lógica característica, me animó a inscribirme en dicho programa. Accedí y comencé a realizar pagos mensuales. Tenía una pequeña libreta donde se registraban los pagos, proceso que se prolongó durante muchos años. El primer día de cada mes, mi madre me interrogaba como si fuera una agente de policía:

—¿Has hecho el pago de la vivienda?

Pasaron dos años y fui invitado al sorteo, en el cual se seleccionaba a los ganadores, quienes podían escoger un apartamento en los nuevos edificios. Al parecer, gracias a las oraciones de mi madre, mi nombre resultó favorecido. Para hacer realidad este sueño, hacían falta tres cosas: primero, los pagos; segundo, un préstamo bancario; y tercero, cubrir el resto del costo de la vivienda antes de poder recibir las llaves de ésta.

Fui a ver a mi madre y a mi hermana y les conté.

Con alegría, me dijeron:

—No te preocupes. Reuniremos la cantidad necesaria, de una forma u otra.

Toda la familia ayudó —mis hermanos, mis tíos y tías, y mis amigos— y así recibí las llaves. Por supuesto, todos los préstamos fueron devueltos pacientemente, sin intereses.

Gracias a la férrea determinación de mi madre, pude obtener las llaves de mi propia casa siendo aún joven y soltero.

Las madres son como leonas a la hora de proteger a sus hijos e hijas y ayudarles a salir adelante; son capaces de superar cualquier obstáculo.

Que las almas de las madres que han fallecido descansen en el Jardín del Edén.

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El autor vive en Kiryat Motzkin, Israel.


Traducido por Daniel Santacruz


October 26, 2026.

26 de octubre de 2026.

 
 
 

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