Kuentos de Nissim
- Daniel Santacruz
- Dec 1
- 6 min read
Los animales de mi chikes
Por Nissim Ashkenazi

El empesijo de la vida de los judyos ke vinyeron de Salonik para enreziar el porto de Haifa no era livyano. Los metyeron en una eskola i a poko poko arkilaron kazas mui viejas asta ke se aresentaron todos, kon el ayudo del meir Aba Hushi, ke los trusho.
Mi famiya morava en un apartamento viejo de dos udas* kon otra una famiya. Mi famiya eramos sesh personas i la famiya Grotas, siete personas. Eramos tredje personas. Kada famiya en una uda, kuzina i banyo endjuntos. No era livyano.
Kazas viejas i espesura** kavzaron problemas. Los rekordos estan bivos . . .
— En el primo lugar eran los piojos. Era gerra permanente kontra los piojos i la araskatina en las kavesas. Teniyamos un peine espesial para kitar las alyendras*** de los piojos o lo ke merkimos de la farmasia. Ama mos apegavamos de muevo en la eskola. Esta gerra la ganimos solo kon petrolio. Del vuesmo**** se fuyeron los piojos . . .
— Otra maka eran las chinchas. Todos eramos kon singyales de sangre en los piezes i fushkas. Al bushkar no se topavan, asta ke vazyimos petrolio en los tubikos de la kama, Golor negra, ama salvasion.
— Las mas lijeras eran las furmiras. Koza dulse ke kedo avyerto veniyan batalyones de furmiras. Aide diziya mi madre, “tray el yagum de petrolio”.
— Las gartijas son simpatikas, no kavzaron danyo i se desparesiyan rapidamente.
— Ratones aviyan muchos, ama en de los vizinos . . .
— Eskaravatos bien grandes aziyan fiestas en estas kazas viejas, afilo ke eran kazas limpyas. Veniyan bolando, i mani mani aziyan el nido i saliyan la noche a bushkar komidas.
— Guzanos i guzanikos topavamos en kozas bozeadas o en frutas: blankos i pretos, chikos i grandes. Mas de esto la vizina Merkada teniya guzanos de seda ke tomava del arvole de moras en el kurtijo de enfrente.
— Las moshkas siempre mos enyervavan i mos izimos lijeros en aferrarlas. En vezes te trayen sheshereo i bozeavan la gana de komer.
— Los moshkitos te espertan kon los chuflos serka de la oreja i a los aedados kavzaron danyo. Todos eramos kon fushkas koreladas.
— La punchada de bezba se unflava i deviyamos apretar i metter kompresos de pisho . . . asegun las vizinas saviozas.
— Las aranyas se topavan entre la pare i el tavan, i mos plaziya ver komo atakan insektos ke se aferavan en la resha kroshetada.
— En los almares***** avia gerra kontra la puliya, ke atakavan las ropas . Demandi a mi madre kualo son estas pilotikas blankas kon golor fuerte i me disho ke se yaman alkamfora, o naftalin, para protejar las ropas kontra la puliya.
Ine, malgrado todo esto i malgrado la mankeza, teniyamos chikes oroza i alegre. Salimos edyukados, sivilizados i kon espalda derecha.
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*Kamaretas
** Densidad
*** Guevos
**** Golor
***** Dolap
El otor mora en Kiryat Motzkin, Israel.
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The animals of my childhood
By Nissim Ashkenazi
The beginning of the life of the Jews who came from Salonika to breath new life in the port of Haifa was not easy. They were enrolled in school and over time they rented old houses until they were all settled in, with the help of mayor Aba Hushi, who brought them in.
My family lived in an old two-bedroom apartment with another family. We were six people and the Grotas family were seven, thirteen in total. Each family lived in a bedroom sharing the kitchen and the bathroom. It wasn't easy.
Old houses and crowding caused problems. The memories are alive . . .
— First of all, the lice. It was a permanent war against them and the itching on our heads. We had a special comb to remove the lice eggs or what we bought in the pharmacy. But we got them again at school. We won this war only with gasoline. The smell chased them away.
— Another plague was bedbugs. We all had bloody scars on our feet and noses. We couldn't find them when we looked for them, until we poured gasoline in the bed tubes. The smell was awful, but it was a lifesaver.
— The ants were the fastest. Anything sweet left uncovered attracted an army of them. No wonder my mother said, "Bring the can of gasoline” when she saw them.
— Lizards were cute, they didn't cause any harm and disappeared quickly.
— There were many mice, but at the neighbors' house.
— Cockroaches were quite large and had parties in old houses, even if they were clean. In no time they nested and came out at night looking for food.
— Worms, big and small, white and black, we found in spoiled things or in fruit. Our neighbor Merkada had silkworms that she obtained from the blackberry tree in the front yard.
— The flies always bothered us and we became quick to catch them. Sometimes their buzzing made you dizzy, causing you to lose your appetite.
— The mosquitoes woke you up with their buzzing near your ear and affected the elders. We all had red blisters.
— A bee sting would swell up and we had to apply urine compresses . . . as recommended by the wise ladies from the neighborhood.
— The spiders were found between the wall and the ceiling, and it gave us pleasure to watch them attack the insects that fell into their webs.
— In the wardrobes, there was a war against moths, which destroyed clothes. I asked my mother what those little white pills with a strong smell were, and she told me they were called camphor, or naphthalene, to protect clothes against moths.
Despite all this and despite poverty, we had a happy and cheerful childhood. We turned out educated, well mannered and honest.
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The author lives in Kiryat Motzkin
Translated by Daniel Santacruz
December 1, 2025
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Los animales de mi niñez
Por Nissim Ashkenazi

El comienzo de la vida de los judíos que llegaron de Salónica para darle vida al puerto de Haifa no fue fácil. Se matricularon en la escuela y, con el tiempo, alquilaron casas viejas hasta que todos se instalaron, con la ayuda del alcalde Aba Hushi, quien los trajo.
Mi familia vivía en un viejo apartamento de dos habitaciones con otra familia. Éramos seis personas y la familia Grotas siete, trece en total. Cada familia vivía en una habitación, compartiendo la cocina y el baño. No era fácil.
Las casas viejas y el hacinamiento causaban problemas. Los recuerdos siguen vivos . . .
— Primero, los piojos. Era una guerra constante contra ellos y la picazón en la cabeza. Teníamos un peine especial para quitar los huevos de piojos o lo que comprábamos en la farmacia. Pero nos volvían a atacar en la escuela. Ganamos esta guerra sólo con gasolina. El olor los ahuyentaba.
— Otra plaga eran las chinches. Todos teníamos cicatrices sangrientas en los pies y la nariz. No las encontrábamos cuando las buscábamos, hasta que echábamos gasolina en los tubos de la cama. El olor era horrible, pero nos salvó la vida.
— Las hormigas eran las más rápidas. Cualquier dulce que quedara sin tapar atraía ejército de ellas. Con razón mi madre decía, “Trae el bidón de gasolina”, cuando las veía.
— Las lagartijas eran lindas, no hacían daño y desaparecían enseguida.
— Había muchos ratones, pero estaban en casa de los vecinos . . .
— Las cucarachas eran bastante grandes y hacían fiestas en las casas viejas, incluso si estaban limpias. Anidaban rápidamente y salían por la noche a buscar comida.
— Encontrábamos gusanos, grandes y pequeños, blancos y negros, en cosas podridas o en la fruta. Nuestra vecina Merkada tenía gusanos de seda que encontraba en el zarzal del jardín del frente.
— Las moscas siempre nos molestaban y nos acostumbramos a atraparlas rápidamente. A veces, su zumbido nos mareaba y nos quitaba el apetito.
— Los mosquitos nos despertaban con su zumbido cerca de la oreja y afectaban a los ancianos. Todos teníamos ampollas rojas.
— Una picadura de abeja se hinchaba y teníamos que aplicar compresas de orina . . . como recomendaban las sabias mujeres del barrio.
— Las arañas se encontraban entre la pared y el techo, y nos daba placer verlas atacar a los insectos que caían en sus telarañas.
— En los armarios, había una guerra contra las polillas, que destrozaban la ropa. Le pregunté a mi madre qué eran esas pastillas blancas de olor fuerte y me dijo que eran alcanfor o naftalina, para proteger la ropa de las polillas.
A pesar de todo esto y de la pobreza, tuvimos una infancia feliz y alegre. Nos criamos con educación y buenas maneras, y honestos.
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El autor vive en Kiryat Motzkin, Israel.
Traducidor por Daniel Santacruz.
Diciembre 1, 2025




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